EL SENTIDO DE SER ARTISTA EN ESTE MUNDO

“Solo soy pintora. Puedo pintar en una maderita, en una piedra o una pared. Trato y hago lo que puedo”, resume con humildad y sencillez Verónica García. Después, claro, el contraste con su obra es inevitable. Y así vamos, de las palabras simples a los colores intensos, de la ternura de un apretón de manos a un mensaje desgarrador oculto entre líneas y texturas. Nos recibe en su casa-taller una fría mañana de julio para compartir unos mates con galletitas (de colores, por supuesto) y contarnos algo de su vida y sus ideas.

Dice que empezó a pintar de chiquita, que era muy tímida, “No hablaba. Tenía como un mundo muy interior, que creo que fue lo que se gestó después para lo que vino”, relata.  Al hablar de sus primeras obras, que hizo cuando tenía unos 10 años, cuenta que las va llevando de casa en casa y que reaparecen con las mudanzas, además de las que conservan sus viejos, enmarcadas y todo.

Desde el principio

Verónica es la del medio de tres hermanas, con muchos años de diferencia entre una y otra. En su familia el arte siempre estuvo presente, con su abuelo materno pintor y su tío abuelo acuarelista. VG: A los 9 años estuve incursionando en Casa de la Cultura con Beatriz Cabezas, en Cerámica, después Ana María Kuba.

Pequeños Poetas del Color(PH De Focatiis)

A partir de los 10 años, más o menos, empecé a ir a un taller, el de Gaby Luppi, mi maestra, que siempre recuerdo con mucho cariño, acá en Puerto Madryn. Gente que hizo el arte en Madryn. Y así hasta que a los 17 años me fui a Buenos Aires, a lo de mis abuelos. Mi abuelo era ebanista, hacía escenografías. Se armaban unas discusiones interesantes porque yo venía con otra novedad y él estaba con otra historia, más clásica. Fue un crecimiento importante para mí, poder salir de acá, conocer otras cosas. Me fui sola, pero tenía familia, que siempre me acompañó, y creo que eso fue importante.

Pequeños Poetas del Color(PH De Focatiis)

Pequeños poetas del color

Así se llama la muestra que se inauguró en noviembre de 2015 en el primer piso del Portal de Madryn. En ella se expusieron los trabajos de los y las alumnas del Taller de Arte para Niños que dicta Verónica García.

ChC: ¿Es difícil conjugar arte e infancia en épocas de tantas pantallas?

VG: Es difícil, pero es un desafío importante para mí. Amo lo que hago, y enseñar está ahí, al lado de mi producción. Hago las dos cosas, pero estuve un tiempo sin dar clases a los niños porque me había planteado mi lugar como maestra. Pensaba que los chicos tenían que estar más libres todavía, sin condicionamientos.

27-06-08 Muestra

ChC: ¿Y cuáles eran esos condicionamientos?

VG: En realidad estaba revisando. No sabía bien, pero sentía algo. Yo me manejo mucho con la intuición. Tengo momentos en los que estoy más en eje, conectada, y otras veces que siento que tengo que revisar cosas.  Estuve un tiempo así. Después vinieron algunos papás y me dijeron, “Mirá, mi hijo hace esto”. Y yo dije, “¡Esto es increíble, tiene 8 años, 10, 9!” Entonces empecé de nuevo, pero de a poco, con estos chicos que vinieron, que tienen mucho talento, y los acompaño. Estoy acompañando y solamente les muestro la técnica, como si fuese una repetición.

07-05-10 Muestra

ChC: En esas obras, si bien se aprecian estilos personales, es innegable que el acompañamiento es tuyo.

VG: Lo importante es que después se salga de ahí. Uno siempre se conecta con el maestro. A mí me pasó con Gaby, pero está bien, porque así una se va formando. Esos desafíos me interesan para mostrarles un poco esto que fui viendo o aprendiendo en talleres o con otros maestros, de no tenerle miedo a la técnica. Un niño puede usar el óleo tranquilamente con 8 años,  9, ó 6, si vos le mostrás cómo es. Y hacen cosas fantásticas, increíbles. No hay que limitar, o pensar que porque es chiquito hay que darle solo témpera, por ejemplo. Hay que dejar que se expresen con cualquier material. En mi taller los chicos ni siquiera traen los materiales, les doy todo. Y ellos usan el acrílico, el óleo, pasteles;  pintamos con plasticola, mezclamos… si se les ocurrió algo particular, se mezcla.

12-02-11 Muestra

Lo personal es político

ChC: Hay gente con una conciencia política muy fuerte, que hace arte por la transformación, algunas otras personas lo hacen por placer o por la estética meramente… ¿cómo te encontrás vos en ese mapa?

VG: Yo tengo una mezcla de todo eso. Quizá cuando me fui a estudiar me interesaban más los pintores políticos, que denunciaban cosas. Y ahora todavía lo tengo, pero está como más personalizado. Mi denuncia o mi forma de trabajar es con lo que está encubierto, que después se pueda ver eso. Primero te impacta el color, la línea o la expresión de eso que quiero decir, y después se va descubriendo algo más en la obra. Ese es mi hilo conductor, digamos, lo que siempre estoy buscando. Y me parece que ése es el sentido, que el otro se refleje, se reconozca y se encuentre en la obra. Y no en un solo cuadro, sino en el todo.

17-10-14 Constantini Art Gallery Milan

ChC: Hay un mural del que vos participaste, en una de las paredes externas de la Escuela 42, donde también funciona el Instituto de Educación Superior N° 803. ¿Cómo fue ese trabajo?

VG: Fue con la gente de CLADEM, la Casa de la Mujer, que con algunas somos amigas o conocidas y bueno, surgió por el tema del Día Internacional de la Salud de las Mujeres. Se planteó un pequeño boceto después de que ellas me pidieran si podía involucrarme. Por supuesto dije que sí, porque me interesa el tema, y en mi obra aparecen las mujeres con todo tipo de situaciones.

ChC: Las violencias aparecen mucho, como vos decís, encubiertas, sutiles…

VG: Eso, sí. Y todo este tema a mí me interesó mucho, entonces hice ese boceto que después allá se transformó, porque yo les cedí un poco el paso. Si bien guié el mural, las chicas construyeron también. Muchas trabajaron sobre eso. La forma de plasmar en la pared para mí es diferente. Yo no soy muralista consagrada, solo soy pintora y puedo pintar en una maderita, en una piedra o en una pared. Trato y hago lo que puedo. Entonces cuando hago murales con mis alumnos, también, los dejo que se expresen y después vamos acomodando, vamos viendo. Es como si fuera un gran cuadro, no un mural.

 

Los viajes y el presente

Para Verónica García viajar implica el registro de otras imágenes, otros colores y otros estímulos que guarda para el regreso. “A veces me planteo trabajar por series y tal vez un viaje acá nomás, a Trelew, me conmociona. Me moviliza mucho lo que le pasa a la persona, a la gente”, explica.

 

ChC: ¿Y en qué estás trabajando ahora?

VG: Ahora estoy trabajando en un proyecto con Nelvy Bustamante, una escritora de Trelew que vino en febrero. Nos encontramos acá, conoció el taller, a las dos nos gusta mucho lo que hacemos pero no nos habíamos sentado a charlar. Y surgió una muestra, “Mundos Invisibles”, que se hará el 1° de septiembre en el Centro Cultural de Rawson. Ella va a presentar su último libro, que se llama “Los mundos invisibles” y yo estaba trabajando con esto de lo que no se puede palpar pero que está todo el tiempo presente. Hay algunas obras mías inéditas y otras que ya se han expuesto.

Galerías de arte en Madryn, asignatura pendiente

Los mates se acaban, se acerca la hora de irnos y apuramos los últimos tramos de la charla, que en su natural curso nos llevó a un planteo necesario; ¿hay espacios suficientes para exposiciones de arte en nuestra ciudad? Para Verónica, no. “Hay pocos lugares. No sé cómo en Madryn no hay un centro cultural. No sé, no se habla del tema. Ya son muchos años de trabajo. Y no tenemos más que el Museo”, se lamenta. “Yo tengo un montón de obras en consultorios”, nos dice entre risas. Pero enseguida vuelve la seriedad y nos dice, “Hay muchos talentos, mucha gente que está haciendo cosas, muchos grupos también.

El shopping es un buen paso porque te ve mucha gente, y por los contactos. Para el que recién empieza o es emergente está muy bien. Yo he tenido alumnos que expusieron el año pasado, el anteaño, y pudieron sacar su obra, vender, no sé, se proyectaron”, dice. Pero está claro que no alcanza. Después, volvemos la mirada al interior de su taller. Recuerda un análisis de obra que hicieron hace poco con más de veinte alumnos, en tandas, para que entraran en el lugar.

Y reaparece la idea de acompañar, “A mí me gusta ayudar en eso, que se puedan proyectar. El acompañamiento que te decía antes, para mis alumnos adultos y niños. Eso me hace feliz”. Los colores del taller, a salvo del frío, nos despiden. Nos vamos con la risa de Verónica bien guardada en los oídos, que no es poco. Pero hay más. Nos han quedado en los ojos unas ganas nuevas de mirar. Una curiosidad de niño por saber si de ahora en adelante sabremos descubrir eso apenas perceptible, que cuesta nombrar, a veces, pero que está presente y acá cerca, todo el tiempo.

Luciana Grandón

Twitter: @LulaGrandon