Crónica de una noche en la que no faltó nada

Crónica de una noche en la que no faltó nada

25/11/2011 Desactivado Por Juan Jose De Focatiis

La noche del jueves 24 de noviembre fue una de esas noches en las que no falta nada para que uno se marche con el alma llena: Literatura de la mano del ganador Premio Casa de las Américas, Bruno Di Benedetto; Arte con «Dibujos y acuarelas» de Marcela Martin; narración oral de Miguel Oyarzábal, música del bandoneón de Juan Viñas, vino y comida siciliana.

El escritor Bruno Di Benedetto presentó el libro ganador del Premio Casa de las Américas 2010 «Crónicas de muertes dudosas», el jueves 24 de noviembre, en la Casa del ex Gerente del Ferrocarril.

Asimismo, en el marco de esta presentación, el Museo Municipal de Arte, dependiente de la Subsecretaría de Cultura de la Municipalidad de Puerto Madryn inauguró la muestra «Dibujos y Acuarelas» de la artista plástica Marcela Martin. Dicha muestra estará disponible hasta el día 1 de diciembre.

Marcela Martin le dio el toque de color y creatividad al espacio de la casa. Sus pinturas de arte naif recrean todo tipo de situaciones que bien podrían considerarse como distintas historias de libros de cuentos fantásticos, personajes e imágenes infantiles y a la vez situaciones adultas, en las que predominan los colores vivos e intensos. Una mezcla de inocencia e ironía, fantasía y realidad.

Gloria Rábalo y Elisabeth Smith, representando al Museo de Arte presentaron a la artista. Asimismo, Diego Lacunza presentó a Bruno Di Benedetto, el autor de «Crónicas de muertes dudosas», destacando que una obra artística es algo muy destacado para la comunidad: «Un libro o un CD, como cualquier obra de arte, es como un hijo que se va gestando, con todo el tiempo y el amor que uno vuelca en él, después cobra vida propia y puede llegar a lugares impensados». «Este libro viene a engrosar la producción cultural de la ciudad», afirmó Lacunza, que destacó la actividad sostenida que viene desarrollando Bruno hace muchos años, y no sólo la cantidad de obras sino su calidad. «Una persona que invierte tanto amor y tantas horas es que tiene una necesidad realmente genuina de seguir ese camino espiritual y de expresión», culminó Lacunza, además de felicitarlo por un logro más y por tanto tesón.

El escritor destacó el apoyo de la Secretaría de Cultura de la Provincia del Chubut y la Subsecretaría de Cultura de la Municipalidad de Puerto Madryn, que hicieron posible la edición del libro en Argentina, ya que sólo se había editado en Cuba, donde fue ganador del Premio Casa de las Américas.

Ediciones en Danza fue la responsable de editar este libro de poesía narrativa, y la tapa con pinturas de féretros romanos fue diseñada por el propio autor. «Crónicas de muertes dudosas, sucedidas en la Patagonia y otros desiertos» es el nombre completo de la obra literaria.

Bruno y su hijo Martín Di Benedetto, quien también es poeta y recientemente también editó su libro de poesías «La lengua quemada»,  compartieron la lectura de dos textos. Martín habló del redescubrimiento que realizó luego de un tiempo de soledad filosófica en el que no encontraba un par, y luego de la lectura de esta prosa poética lo encontró en sus propios orígenes.

Miguel Oyarzábal, amigo y propulsor del proyecto literario, realizó la narración oral del tercer texto, con la excelencia que lo caracteriza, recompensado con el fuerte aplauso de los asistentes, que colmaban el espacio.

Juan Viñas con su bandoneón le dio el toque musical a la velada, ejecutando una serie de sonatinas.

Bruno no sólo compartió su arte literario sino que también compartió su arte culinario, ya que preparó unas scachas sicilianas para compartir con los presentes.

Cabe destacar que esta obra ya se puede adquirir en las librerías de Puerto Madryn y Trelew.

Fragmento de una de las crónicas

Ferdinand Climent Sablier

Carmen de Patagones, 18 de agosto de 1932

Hijo de un relojero hijo

de un relojero hijo

de un relojero

Ferdinand Climent Sablier

dejó Ginebra ya viejo

con su batallón de monóculos

y sus doscientos relojes mudos y muertos.

Partió al exilio Ferdinand

perseguido por el anatema

y la ignominia:

no hay lugar en la pacífica Suiza

para un asesino de relojes.

(Por las callejuelas de Patagones:

ferdi-nand

ferdi-nand

ferdi-nand

lo siguen las voces de los muertos

que ha destripado en su taller

de la rue Malagnue

al lado de la iglesia rusa).

El infausto pasaje de noble artífice

a asesino serial de relojes

sucede una tarde

de mil novecientos dieciocho

mientras camina alegre

hacia su sesión semanal

en la casa de putas

de Madame Laforge:

una simple piedra en el zapato

fue su Sarajevo personal.

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