Un » DELIRIO » – Motorhead –

Un » DELIRIO » – Motorhead –

04/05/2011 Desactivado Por Juan Jose De Focatiis

«We are Motörhead, we play rock n’ roll». Así se define y  las cosas son así de simples cuando “Lemmy” está arriba del escenario: el tipo es el mismísimo hueso del rock, la esencia, lo que está bien adentro, lo estrictamente imprescindible, por lo cual no necesita más que pararse y aporrear el bajo, para simbolizar todo lo que nos gusta de este querido y maltratado género. Y si a esto le sumamos que su banda, a esta altura, es una máquina infalible y que los Marshalls evidentemente sí llegaban hasta once como los de Spinal Tap, llegaremos a la conclusión de que ver a Lemmy en vivo es, llanamente, una de las mejores experiencias rockeras disponibles en esta vida.

El comienzo con «Iron Fist» en claro que el grupo madura pero jamás decae: en tiempos de músicos a los que les dispensamos shows rengos por su «lógico» deterioro, el señor de la verrugas, ese que ya festejó 65 cumpleaños y se toma una botella de Jack Daniel’s por día «la necesite o no», sigue ofreciendo conciertos impecables, con la misma violencia que desperdigaba a los 30 pero mucho, mucho más oficio. El primer sacudón llegó con el tándem de clásicos «Metropolis» – «Over the Top», en una primera mitad del show en la que joyas añejas se fusionaron a la perfección con temas de sus últimos trabajos, como Motorizer, Kiss of Death o el álbum que venían a presentar en esta oportunidad: The World is Yours. El solo de Phil Campbell y luego el hedbanging desquiciado de «I Got Mine» dieron paso a la segunda parte, donde ya, sí, se tocaron algunos favoritos como «The Chase is Better Than the Catch» o «In the Name of Tragedy» (aquí el que demostró pericia fue el baterista Mickey Dee). «Just ‘Cos You Got the Power» y «Going to Brazil» y, ahí sí, el golpe de knock out: la infaltable «Killed By Death» (con rosca de Hell’s Angels en el campo incluida) y, cómo no, el himno «Ace of Spades», donde el público terminó de desmadrarse hasta ganarse el elogio de Lemmy y los suyos.

Y para el fin de la noche, «Overkill», pura visceralidad putrefacta a velocidades punk, un cierre perfecto para una noche de puro y genuino Rock N Roll.

 

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